search
top

Panem et Circenses

Mediados de octubre de 2010, Barcelona.

La crisis económica sigue dominando la escena en buena parte de Europa; en Espana por lo menos, no ha perdido en intensidad, al punto que todo lo que pasa está justificado por ella. Las empresas reducen el personal por la crisis, a veces llegan a cerrar por esta crisis; la gente común ahorra, come mas en casa, compra menos ropa, por la crisis; si hay menos turistas en la capital catalana, será que la crisis pesa sobre ellos; ¿y en los días nublados que pasa? ¿Que el sol también acusa la crisis?

Sorprendentemente, algo se ha escapado del imperio del monstruo de estos últimos años. Hay algo que no está en crisis: son las loterías. En la primera página de “Que.es” de Barcelona el lunes 25 de octubre destaca “El Gordo ya trae colas”: el periódico explica como a dos meses del sorteo ya hay colas a las taquillas y algunos décimos se han agotado. La gente, muy atenta a los céntimos que gasta en esta época de crisis para lo que sea, no se preocupa de abrir el bolsillo si es para intentar la suerte.

¿Por qué la poderosa crisis no puede extender su dominio sobre la lotería? Como muchos creen, el Gordo ya es parte de la tradición navideña, es algo a lo que todos están apegados. Pero eso no puede bastar para explicar el fenómeno: la lotería no es un bien tangible, no es comida ni ropa, su substancia es muy diferente: es la suerte;la DiosaBendada no está en crisis, ella sigue vagando y tocando con sus manos a quien sea. No ha perdido en poder con la crisis. Al contrario, cuando la economía está parada y los políticos tantean en la oscuridad, no queda nada más que dejar los sueños en las manos de la suerte, que no está sometida a las leyes del sistema; en resumidas cuentas, parece lógico.

Sin embargo la lotería es un bien que pertenece a la esfera del irracional. Lo demuestra el hecho que uno de los décimos agotados es el 11710, que corresponde a la fecha que coronó España campeona del mundo de futbol; en Aguilar (Córdoba) han agotado ya el 17810, fecha de las desastrosas inundaciones que afectaron el pueblo y se llevaron la vida de tres personas. Números famosos por una grande concentración de suerte o de mala suerte puede que rellamen a la diosa.

Il Colosseo (Roma)

Pero la inversión en el Gordo no es irracional solo por los números elegidos, sino más aún por el hecho mismo de confiar en la lotería. Es evidente que se trata de un camino muy improbable hacia la riqueza. Casi todos los que apuestan no ganarán, ni este año ni nunca y en realidad lo saben, pero igualmente siguen jugando. ¿Por qué? ¿Por qué vale tanto aquel trozo de papel con cinco números, si al final no será nada más que basura? Probablemente porque en los meses que quedan de espera, la apuesta enciende la llama de la esperanza, la mantiene viva hasta Navidad y con ella el sueño. Este es el bien más precioso, el sueño. Los hombres que lo pierden se desvacian de su esencia, viven como fantasmas. Soñamos con algo que no va a pasar, pero lo que importa es seguir soñando, la esperanza nos da fuerza y rellena los días. Y así el día de Navidad, de hace años ya, tiene una tradición mas, con los sueños que cataliza y a la vez con la adrenalina que produce en todos. Eh si, la adrenalina, algo que no podemos subestimar, igual algo mas importante aún que la misma esperanza. La adrenalina de estar apostando para una vitoria tan grande, que nos podría cambiar la vida, en si vale el precio del décimo. Lo sabían los antiguos romanos también: el poeta Juvenal en una de sus sátiras formuló por primero la famosa expresión “panem et circenses”, con la que contó como ya en su tiempo las cosas más importantes para el pueblo eran comer y acudir a los espectáculos del circo, donde sentían la adrenalina correr en las venas. Juvenal dice que ya en su época bastaban estas dos cosas para que el pueblo se quedara tranquilo. Y poco ha cambiado desde entonces: en la remota provincia de Iberia, a pesar de la bajada económica, las neveras siguen más o menos llenas y el Gordo es el nuevo circo: “panem et circenses” servidos al pueblo, la crisis olvidada y las calles ordenadas.

Leave a Reply

top